Mildred Largaespada

Relatos de una revolución en disputa

In Centroamérica, Comunicación, Cultura, Feminismo, Política on 20 julio, 2016 at 11:47 pm
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Collage by Dissensus Nicaragua, on revolución en Nicaragua.

Por Mildred Largaespada

El relato de la revolución nicaragüense está en disputa. El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quiere hacer creer un relato único -el suyo- sobre lo que ocurrió antes, durante y después del 19 de julio de 1979. Para ello usa todo su poder comunicativo y militar, en el que ningunea, desdibuja, borra, desaparece hechos y ataca protagonistas. Pero han ido creciendo los nuevos relatos sobre la revolución que fue, que es, que quiere ser y nuevos protagonistas.

Es bueno que exista esta disputa por el relato de la revolución, porque la memoria se construye entre todas y todos. El relato hegemónico que pretende Ortega no tiene sustento porque hay memoria viva que le contradice en cero coma un segundo. Su revolución es una revolución contestada. No existió un relato inclusivo de la revolución nicaragüense durante los mismos años de la revolcuión. Se excluyó la memoria de mucha gente. Ni tampoco lo hubo durante la revolución, ni después. Ni existe ahora. Como que incluir no es el verbo favorito de Nicaragua.

Pero es necesario obtener un relato que incluya a todas y todos los nicaragüenses, honrar la vida de la gente ¿acaso no hay vidas vividas entre toda la gente que vivió esos tiempos y las generaciones posteriores?

Ahora que se cumplen 37 años de esa fecha histórica recopilé relatos que fueron publicados ayer (19 de julio del 2016) y que me parecieron interesantes para ofrecer un relato complejo de este episodio en Nicaragua. Podrán observar primero que el relato del poder es uno más y no es el único, como pretende. Y observarán la interesante complejidad de esta revolución en disputa. Aquí va:

 

  1. La autocrítica de uno de los comandantes

“Revolución no hay.  No hay. Qué es la economía política de este período, no es la misma economía neoliberal, además, con algo que no tuvieron los otros gobiernos, los de los famosos 16 años, que fue la alianza con el gran capital, tanto el internacional como el nacional.

“Eso es una sola macolla y la política expresión de la economía. Tienen una relación casi biunívoca históricamente ambas actividades. Es del neoliberalismo de lo peor, es extractivista.

“¿Cómo voy a pensar yo que ese es revolucionario? Además el enriquecimiento ilícito de toda esta gente”. Por Henry Ruiz. Para leer el relato completo, en Confidencial.com.ni, click aquí.

Henry Ruiz

2. El reclamo de una joven ahora adulta que participó en las actividades de los 80

3. La denuncia de otra de las comandantes

“Ortega ha traicionado la sangre de los caídos, mancillado su memoria, vendido los ideales por los que lucharon miles de combatientes. Se ha enriquecido mientras los ex combatientes y retirados del Ejército están pasando penurias.

“Es dueño de riquezas mientras miles de jóvenes tienen que emigrar para buscar empleos y oportunidades. Ortega ha establecido un régimen que humilla a miles de nicaragüenses, que nos margina y nos confisca nuestros derechos”, por Dora María Téllez.

 

4. El recuento de lo perdido, las injusticias revolucionarias, las traiciones de Daniel Ortega, los 37/19 de julio

Por Manuel Guillén:

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5. La revolución de Daniel Ortega

 

6. Recuperar la revolución y su democracia

Monica Lopez

“Y, en medio de ellos, un emergente sector joven que no se siente interpelado por las historias detrás de esos simbólicos colores, pues francamente durante toda su vida (construida luego de la Revolución) ha sido indiferente qué partido haya llegado al poder. Ya no se puede decir “los años de los neo-liberales” porque, estando Ortega a punto de cumplir una década de nuevo en el poder, ha quedado claro que el único gobierno permanente que ha tenido Nicaragua ha sido el del neoliberalismo.

“Pero hay que ver la astucia del Poder. Ellos perversamente y permanentemente estimulan el rejuego de mantener el espejismo que dicta que los sectores populares deben mantenerse divididos por los colores y las banderas. Repudiándose los unos a los otros. Y así, mediante este truco, buscan impedir que afloren las verdaderas reivindicaciones del pueblo, que el gobierno además suprime controlando férreamente sindicatos, gremios, organizaciones barriales, y al propio FSLN”. Por Mónica López Baltodano, para leer el artículo completo hacer click aquí.

7. Las otras revoluciones emergentes

Soghand Ghadimi

Esta es mi revolución, que me hierve desde el útero que me ha hecho “ser” mujer. Que me revienta en el pecho lleno de rabias, tristezas y ganas de cambiar al mundo. Mi revolución que más de mil veces me ha atacarme en llanto por creerme impotente, por ser mujer”. Por Soghand Ghadimi, en su blog, para continuar leyendo hacer click aquí.

8. Otra revolución artística emergente

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Collage by Dissensus Nicaragua.

“Queremos una manera de actuar colectivamente. Ser parte de un número de órganos y organizaciones fluidas caracterizadas por la negación de separar la economía de la política, la política de la existencia.

“Nuestras diferencias nos van a permitir crecer y brotar más semillas y que nuestras raíces se expandan.

“Anti-políticas de identidad.
“Pro-Políticas de diferencias.
“Solidaridad.

“Cosas que se pueden hacer:
-Formar asociaciones de vecindarios
-Crear más Sindicatos
-Crear más Cooperativas
-Construir Centros Comunitarios en cada Vecindario
-Crear Negocios que sea organizado por los propios trabajadores.
-Normalizar el trabajo local y que este trabajo sea autónomo y sostenible
-Establecer Economías Alternativas y Locales.
-Comprar terrenos en comunidad para la comunidad
-Cambiar a energías sostenibles
-Crecer parte de tu propia comida / Huerto Comunitario
-Crear un almacén comunitario lleno de recursos.
-Organizarse localmente en contra de la gentrificación
-Aplicar la ley a gobiernes y corporaciones criminales
-Combatir los medios de comunicaciones y conocimientos masivos”. Por Dissensus Nicaragua, para leer el manifiesto completo hacer click aquí.

  1. Memorias de una insurrección popular / junio 1979
    Versión corregida y aumentada
    mecajinamixter /Imagen de archivo.1983

    Y…. VÍ QUE LA LUCHA ERA JUSTA, Y ME HICE BUENO
    Mi incursión en la lucha a desfavor del absolutismo hereditario de la familia en el poder y a su escolta pretoriana en el 79; fue efímera y fugaz. Con apenas 17 añitos, me incorpore a una célula militar, de una de las tendencias del movimiento armado; un mes después, la insurrección me sorprendió en el Dorado, donde vivía juntos con mis padres y tres de mis 8 hermanos.

    Junto con vecinos de la entonces llamada colonia Luis Somoza, colocamos un carro embancado, en medio de la calle, que mi padre tenía para piezas de repuesto; increíblemente mi padre no me lo reprocho, solo me dijo que le ayudara a salvar el vidrio delantero, que en el último instante; se quebró; triste mi viejo.

    Los días de guerra empezaron a pasar, el tirano ordenó que su precaria aviación, iniciara los primeros bombardeos, contra todo lo que se moviera, luego aparecieron unos helicópteros con bombas de 500 libra y después un jet, que rompiendo la barrera del sonido, ametrallaban los techos de las casas. La mayoría de muertos; eran civiles

    EL DILUVIO Y LA LIEBRE
    Hubo una noche terrible, la guardia pretoriana lanzó un diluvio de morteros sobre las calles; parecía que el fin del mundo, anunciado en las prédicas de mi padre, finalmente, se estacionaba sobre la faz de la tierra. Todos quedamos vivos en mi familia, ningún guerrillero muerto. Y de pronto, muy de mañanita; un río de gente, abandonaba sus casas y toda pertenencia; nadie se convirtió en estatua de sal, aún cuando apesarados voltearon, para ver lo que dejaban atrás.

    Quedaron en aquella residencial; tres hermanos conmigo, mis padres y los muchachos armados asignados al sector, más el estado mayor del frente interno de la guerrilla, que se alojó a dos casas de la mía.

    Eventualmente, los soldados del tirano, realizaban alguna escaramuza de penetración, pero eran rechazados por una escuadra guerrillera, llamada, creo que “LA LIEBRE”, que aparecía por todos lados, jefeada por un muchacho un poco gordito, pecoso y de pelo castaño. Yo soñaba con pertenecer a esa escuadra, lo había hecho 10 años antes, como el sargento Vic Morrow, el de COMBATE; con una ametralladora de palo, aniquilando nazis, con apenas 8 añitos.

    Ahí, en el Dorado, en algunas ocasiones, me sentaba en las trincheras de los muchachos, y escuchaba que discutían entre ellos; sobre la existencia de tres grupos de guerrilleros, al final de la cuestión, la mayoría concluía que se irían con la tercera y última opción, porque no eran palmados y conseguían mejores armas.

    DE LA QUE VIENE, NO SE SALVARÁ NINGUNO!!!!
    Los guerrilleros miraban con extrañeza a mi familia, puesto que no se iban de aquel lugar; un día de tantos, un grupo de ellos, especuló e inventó, que el señor que vivía en la esquina, era sapo y oreja, que había que ajusticiar con la muerte; mi hermano mayor que se había incorporado al grupo que impartiría “justicia”, se dio cuenta, metros antes de llegar a la casa, que se trataba de mi padre; no supe cómo los convenció, pero los detuvo

    No sé si fue por ese incidente, pero después supe que mi hermano, se fue para Costa Rica, aunque también, parece que fue porque su esposa, llevaba el nombre y apellido del otrora presidente de la cámara de diputados del país, a quien le habían dado muerte, en meses anteriores.

    Paradójicamente, días antes de ese incidente con mi padre, éste había pasado orando, por más de tres días, junto con mi madre y mis dos hermanos más pequeños, solicitando al Dios que le rezaban; que éste se posara, como el profeta Daniel en el pozo, para proteger a unos guerrilleros de una mentada colina 155 de un famoso frente sur; que la radio clandestina de los insurrectos daba a conocer; que luchaban a muerte, anunciando después, su lapidaria sentencia a la guardia, “De la q viene, no se salvará ninguno”

    MOISÉS; EL MALO.
    La vida, había dejado de ser una forma de existencia. Uno de esos días, ya habituado a un estado de sitio, apareció un lánguido guerrillero, él que todos decían que era maldito; combinación difícil de conceptualizar, puesto que la TV me había enseñado que entre los americanos; no habían nazis, que entre el bien, no podía aparecer el mal, que Dios y el Diablo no hacían dúo como Batman y Robín y que Ultraman, se convertiría únicamente en AYATA y no en un monstruo del espacio.

    Era un guerrillero bajito, flaquito y bigotón, que cargaba, creo, una carabina, a la que le había quitado la faja. Y le pegaba, con ella, sin misericordia, a un señor ya mayor, que amarrado de la manos, caminaba llorando, apaleado por aquel espectro del mal. Nadie decía nada, había un silencio sepulcral. Me paré en la esquina congelado, sin jugar el pegue

    Le seguía pegando, reclamándole por los bombardeos; el ultrajado hombre de sandalias de cuero dijo; “yo no sé nada, es cosa del general” lo que hizo que el verdugo, arreciaba su castigo, lo colocó en la esquina del parque, se separó como unos 8 metros, y le dejo ir más de 3 disparos; el hombre que había agachado la cabeza antes de recibir los disparos, se desplomó al suelo, aún con vida. Aparentemente molesto con la “Hazaña” del bigotón, otro guerrillero de mayor rango le dio el tiro de gracia, como si se tratara de un acto piadoso.

    Minutos después, ordenaron quemarlo, al voltearlo, costo arrancarle un enorme crucifijo blanco, que tenía apretado en sus manos, fue todo tan sorprendente, pero más sorprendente, todavía aún, cuando en medio del fuego, tal y como le sucedió a Daniel ante Nabucodonosor; la mitad de cuerpo de aquel hombre, hizo un envión hacia adelante, sacando la mitad del cuerpo entre las llamas. Los muchachos que lo quemaban, raudos y asustados, desaparecieron pálidos, como por arte de magia. Sentí que alguien me descongelo, di la vuelta y supe que la vida, se espuma en segundos. Endespués supe que aquel pobre hombre, era un poeta que trabajaba en una radio, que no condenaba al tirano y que el suceso del fuego, solo fue una reacción, que suelen hacer los cuerpos incinerados.

    Unos días después, aún conmovido, le pregunté a mi padre; que porque no hablaba antes con los condenados a muerte para salvar su alma, tal y como él arengaba desde el púlpito. Me contestó con otra pregunta; ¿cómo los curas? Y agregó: puede ser….

    A unos pocos días, de que los muchachos se fueran de los barrios, apareció otra vez el bigotón y sin mala hierbas, empujando esta vez, a un hombre casi de seis pies, que lloraba como un niño; que no lo mataran; El bigotón, ordenó que lo colocaran frente al parque donde había un gimnasio, donde alguna vez mi madre hizo ejercicios a escondidas de mi padre, ahí mismo, se pararon frente al grandote ser. Y cuando el bigotón dio la vuelta, ellos parecieron que no cumplirían la orden.

    Le pedí a mi hermano menor, que habría de par en par, sus desorbitados y asombrados ojos; que dejara mirar tal cosa, que se le grabaría para siempre, pero que además, por suerte del pobre grandulón, ya no le dispararían. En eso estábamos, cuando de pronto, de la nada, apareció bigote. Y les reclamó: q acaso no les dije que…..y la escopeta sonó, en la cabeza de aquel gigante, que se derrumbaba para ser quemado minutos después, debajo de unas viejas llantas. Le pregunté a uno de los muchachos, ¿porque? “por ser el sobrino de uno de los generales de tirano; respondieron.

    LAS LLAMELAS, LA GUERRILLERA BONITA Y LA RETIRADA.
    La noche de ese largo día, no quería dormir fuera de mi casa, no me sentía bien, quería ir a clases al día siguiente; ver a mis compañeros; jugar básquetbol; ver desfilar a las muchachas por los corredores de la secundaria y bailar un bolero en una de las casas de la máximo jerez, un viernes cualquiera. De pronto me acordé que en aquel colegio, me había coloreado, por instalar una bandera del movimiento guerrillero en una asta de más de 15 metros en un arrebato de cólera, por causa de la muerte, en una calle de la capital, de un guerrillero urbano, vecino de infancia, de quien tomaron su nombre y se lo pusieron al centro de estudio donde yo cursaba mi secundaria. Olvidaba, que no había clases en ninguna parte. Había lucha y muerte.

    Me levanté tempranito, le dije a un primo que estaba atrincherado, que fuéramos a desenterrar un buzón de armas, que mi hermano mayor, había dejado en su casa, antes de irse a Costa Rica; después de escuchar la metralla del jet sobre las casas, nos tiramos debajo de unas camas viejas, según nosotros, para salvaguardarnos. El avión se fue y abrimos un hoyo como de un metro, la primera cosa que vimos, fue una vieja pistola 45….y después; nada. Solo una bolsa, con montón de pulseras viejas de plástico, a las que mi hermanita menor en sus tiempos de párvulo, les llamaba, en vez de pulseras; “llamelas.” Y así fueron nombradas las pulseras, para siempre, entre las generaciones venideras en mi familia.

    Con el botín en mano, caminamos por la calles de la colonia; mi primo con la pistola en mano; la bolsa de llamelas, y yo; con una ametralladora máuser de asalto, la que nunca dispare.

    Pase toda la tarde en la trinchera, de vez en cuando, alguna bala repicaba en la media pared que nos cubría. Me regrese a la casa al caer la tarde, mi padre discutía con un doctor guerrillero, que le decía que andaba buscando un suéter para una preciosa chavala que lo acompañaba, la chavala, había agarrado un suéter mío, azul, que exhibía el nombre de una universidad gringa, me opuse, porque era el veinte único que tenía, pero el medico dijo; “dice tu papa, que ustedes son cristianos”, y prosiguió regañandome; “pues no deberías de negarle esta cosa a tu prójimo.” Yo me encogí de hombros, y le dije; que se la lleve pues. Y pensé; no porque sea cristiano, sino porque estaba buena la guerrillerita esa. Se fueron y dejaron a un guerrillero en la casa, porque dijeron que los pretorianos del tirano, iban a entrar por la noche, y que los emboscarían desde la casa esquinera nuestra. A la hora se fue, sin ningún disparo. Yo me dormí en el piso, y cuando me levanté, no había un solo guerrillero en toda la cuadra; me puse molestisimo conmigo mismo, porque no era posible que no me hubiera ido con ellos.

    Pasaron los días, las tropas especiales del tirano, andaban a la caza, y todo el q era joven, era sospechoso, apresado y a veces; muerto. Mi hermano menor y yo, nos fuimos donde una hermana de mi madre, que vivía en una zona exclusiva de la capital, y donde se creía; la guardia pretoriana; no llegaría.

    ¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?
    Cumplí 18 el 18 de julio, el tirano se había ido del país un día antes, el 19 se oía que los guerrilleros entrarían a Managua. Me incomodaba permanecer invisible. Y el 20 de julio, evadí la supervisión de la tía, que nos había imploraba “que no nos arriesgáramos”, porque aún, no se sabía, “cómo terminaría la cosa”.

    En la capital había regueros de uniformes verde olivo, de la guardia pretoriana que había desertado, me junte con unos muchachos que decían conocer donde había armas y nos fuimos a un centro escolar, donde estudiaban los hijos de los soldados fieles al tirano; solo uniformes quedaban; nos los pusimos y desde entonces nos auto bautizamos como “guerrilleros 19 de julio”. Nunca entendí porque, si era 20 de julio.

    Recuperamos un bus, del recorrido estudiantil de aquel colegio, y nos fuimos para Masaya, en el camino, nos topamos con las columnas guerrilleras, baje del bus y empecé a vitorearlos, varios compañeros de mi secundaria iban en los camiones, y gritaban; “que estás haciendo ahí”; montate aquí con nosotros; me dio vergüenza y me regrese al bus, seguimos a las columnas guerrilleras y entramos a Managua, diz que victorioso; yo.

    Cuando llegamos a los predios del hotel intercontinental, donde se estaban reuniendo, la puerta del bus se había atorado y arranque en mi desesperación la manigueta de la puerta, viéndome obligado a salirme por un hueco donde hubo ventana; me baje del bus, y busque a gente conocida, no encontré a nadie, un guerrillero enmochilado y barbudo, vestido de pinto, me llamó, y me dijo; “vos chavalo vení, dame tu pistola….” que pistola, conteste yo; “esa q andas en la bolsa;” me mete la mano en la bolsa, y cuál es su sorpresa que resulta ser la manigueta de la puerta, para burla de sus camaradas. Maldito abusivo, atine a decir, y le agregue; Aquí te dejo el uniforme también; me lo quite, porque andaba mi azulón y mi camiseta debajo del verde olivo y comencé a caminar hacia la plaza de la república, que fue renombrada ese mismo día como plaza de la revolución.

    Habían pocas personas aún, de todos lados iban llegando puños de gente y camiones de guerrilleros, como seguía sintiendo vergüenza, de que me miraran sin uniforme de protagonista de aquella gesta de vencedor de la lucha, me refugie en la antigua catedral que está a un lado de la plaza, cuando percate, todo el lugar estaba lleno, así como las gradas de la catedral; pensé que entre la gente de civil que se había acumulado en aquellas gradas, existiría más de alguno que me reconocería y no les podría contar después, de mi entrada gloriosa, así que subí más alto, donde nadie me mirara y reconociera, hasta que me topé con el campanario; estando ahí y al ver toda esa algarabía de gente contenta y abrazándose, se me ocurrió sonar las campanas de aquella vieja catedral; jamás pensé que a ese hecho, la gente respondería con un extraordinario júbilo, aquellas campanadas quedaron grabadas en la historia. Me baje y me fui a mi casa, cuando estaba cerca, unas niñas vecinas le dijeron a unos guerrilleros que estaban montados en un jeep, visitando a su familia; “aquel que va allá, era guerrillero, es el hijo de don Manuel y doña Agnes”, cuando llegue a mi casa, abracé a mi mamita. Me acordé de esta historia cierta, 37 años después, hoy que mi madre se me puso malita, la abrace con la misma intensidad de aquel reencuentro, y recordé; lo duro que sería perderla.

    Managua 31 de enero del 2016
    Versión corregida / 17 de julio del 2016
    Manuel Ernesto Cajina Mixter

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  2. Hola Mildred. La tarde que te conocí hablamos que ya era tiempo que la gente empezara a escribir sobre la revolución, que ya habíamos leído bastantes testimonios pre-insurreccionales, o bien las versiones escritas desde las alturas del poder (Sergio, Violeta, Humberto, Ernesto, etc), pero que nos tocaba a nosotros, a la generación que soportó el peso de la defensa de revolución, dar, no solo testimonios vivenciales, sino las impresiones de esa época, la cual no puede quedar al garete de los políticos de uno u otro bando. Porque los políticos tienen otras motivaciones más allá de plasmar una realidad determinada, no importa su signo ideológico. Por esa razón no me asombro de las omisiones o medias verdades que se disparan en los medios de comunicación.

    Considerando que tu post ha dado cabida a otras maneras de entender la revolución, me permito hacer una reflexión a partir de una pregunta: ¿Qué fue del sandinismo en los años noventa? Me parece que no se ha profundizado sobre esta etapa difícil que vivió la gente que creía en la utopía después del descalabro de febrero de 1990. Nadie habla de la contraofensiva política implacable que ejecutó el gobierno de Violeta Barrios en contra del sandinismo, y mucho menos la que emprendió Arnoldo Alemán. Recuerdo que congregarse en la plaza un 19 de julio o andar una pañoleta rojinegra en 1991 o 1994 era algo objeto de escarnio y burla. Casi como que vuelven a proscribirse los símbolos sandinistas. Y no me estoy refiriendo a la escisión del FSLN en la Asamblea Nacional que dio lugar al nacimiento del MRS. No. Me refiero al sandinismo de la calle, el que soportó la ninguneada de los gobiernos democráticos, a esos miles de sandinistas que no les importaba el poder, sino solamente sobrevivir. Acordate que para en esos años a los sandinistas no les daban trabajo solamente por ser sandinistas. Se vivía una especie de clandestinidad, ni quiera Dios decir que habías sido de las milicias o cortador de café.

    Refiero estas cosas porque para entender mucho del fenómeno actual gobierno-partido-sandinismo, hay que tomar en cuenta esa etapa que muchos callan. Porque últimamente todo mundo habla de la década de los ochenta comparándola con el gobierno de Ortega y sacando conclusiones comparativas sin acordarse de que durante otra década, la de los 90, el sandinismo fue fuertemente azotado. También en los años 90 se hizo revolución.

    Por último quiero expresar que el sandinismo rebasa las etiquetas. Es tan amplio que no puede contenerse en una institución (partido político, sea ortodoxo o renovado). Es un estilo de entender y vivir la vida.

    Gracias Mildred por el post, un abrazo.

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  3. Muy interesante leer cada relato de los protagonistas de la Revolución de los 80, de esos valientes combatientes que contribuyeron a la caída de la dictafuea somocista. Pero hay tanto relato no dicho aún. Tanta sangre derramada anónima , anhelos truncados, dolor comprimido , sueños esparcidos y rabia contenida, de miles de hombres y mujeres fueron su vida, sangre y sudor por una Nicaragua con oportunidades para todos y ¿qué pasó?? Se confiscaron los sueños y los anhelos.

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