Mildred Largaespada

El corazón de Nepal

In Amistad, Solidaridad on 13 mayo, 2015 at 2:52 pm
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En la foto estoy vestida con una falda de tela nepalí, de algodón y pintada que me trajeron de Nepal el verano pasado. Photo by Marc Caldentey.

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Por Mildred Largaespada

Nepal está bien cerca de mi vida. Anoche escuché el latido de su corazón. No es una metáfora: tengo dos amiguitas nacidas en Nepal y una de ellas es mi vecina. Anoche fui a su casa y nos abrazamos y sentí el latido de su corazón.

Por las historias que ella me cuenta, nos parecemos algo en la comida nepalíes y nicaragüenses: comemos arroz largo blanco todo el rato. Arroz con lentejas cocidas allá y en Nicaragua con frijoles cocidos. Enriquecen mejor esa comida básica en Nepal, pues le echan una maravillosa mezcla de especias, y en Nicaragua solo sal. También nos gusta comer con chile picante. Es un gozo para mí cuando hago frijoles molidos porque le aviso a ella que los desgusta tal y como debe ser. Terminamos limpiando el plato con un trozo de pan. Le prometí para mañana unos molidos con chile criollo. Será una fiesta para nosotras, auguro.

Mi vecina tiene 14 años y ha sido adoptada desde los cuatro años por una familia española, pero una familia como la mía, que de tanto que nos gustan nuestros países de origen y de llegada somos la combinación perfecta y el ejemplo de este mundo cada vez más mezclado. En esa casa españoles-nepalíes y en la mía nicañoles.

Estos días con los terremotos en Nepal pienso tanto en las niñas y niños como ella, que viven allá y que me los imagino como las niñas y los niños que cuando aquel terremoto en 1972 destruyó Managua (Nicaragua) nos quedamos asustadas por largo rato y vimos como nuestro país enterraba muertos y nacía un dolor, por todo lo destruido. En mi caso, recuerdo que fue la primera vez que miré un amanecer, tenía cinco años y permanecimos en la calle toda la madrugada.

Y pienso, porque quiero pensar, que de todo se sale airoso y con aprendizajes y que lo destruido se reconstruye y que la vida se busca su paso para sobrevivir. En la casa de mi vecina nepalíñola me han contado que han contactado con el orfanato al que brindan apoyo y que las niñas y niños se encuentran bien. También me contó la madre española que la madre nepalí de mi vecina ¡se encuentra bien!

Nepal tiene que convertirse ahora en una palabra mágica para toda la gente que no estamos allí. Tiene que ser como Haití. Una palabra que cuando la escuchemos dispongamos todas nuestra energías para ayudar a reconstruir el país. Y ya sabemos cómo se pierden estos hechos dramáticos en las agendas de los medios de comunicación tradicionales y en los timelines de nuestras redes sociales. Y también ya sabemos cómo hacer que NO desaparezcan: insistiendo, compartiendo, donando, mencionando, recordando, empatizando con la gente.

En su más reciente viaje a Nepal, el año pasado, mi vecinita me trajo de regalo una falda preciosa con tela nepalí, de algodón y pintada. Y me he vestido con la falda para escribir esta entrada, y acercarme más. También estoy recordando la sensación de sus latidos y nuestros corazones pum-pum al unísono. Es un pum-pum fuerte, vital, alegre y con futuro. Y así será Nepal.

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