Mildred Largaespada

Arde la Luna

In Centroamérica, Cultura, Feminismo, Mujeres, Narrativa, Periodismo, Política on 22 diciembre, 2014 at 7:29 pm
Sofía Montenegro, Mildred Largaespada y Gioconda Belli, durante la presentación de El intenso calor de la Luna. Photo by Jorge Mejía Peralta.

Sofía Montenegro, Mildred Largaespada y Gioconda Belli, durante la presentación de El intenso calor de la Luna. Photo by Jorge Mejía Peralta.

 

Por Mildred Largaespada

“Es hora de ser lunática, de permitirse ser loca, tierna, falible, vulnerable; de gozarse por dentro y abrazar lo que llegará de aquí en adelante”, piensa Emma, la audaz protagonista de la más reciente novela de Gioconda Belli. Y con ese mismo ánimo hicimos la presentación de El intenso calor de la Luna, en Managua: lunáticas, locas, tiernas, gozando y desentrañando las claves que esconde y revela la obra de la autora nicaragüense.

Es un libro que he gozado leyéndolo, conversando sobre los temas que narra, polemizando sobre los personajes y presentando, porque de eso trata este texto: de la novela, de su presentación al público en Nicaragua, de los escenarios escondidos y los revelados, de los protagonistas humanos y las cosas.

La previa

—Por cierto, ¿no querrías acompañarme, entrevistándome? He pensado que sean dos mujeres conmigo. Le dije a la Sofía —escribió la poeta en un correo, 20 días de la fecha programada para la presentación de su obra. 

Nunca le habría dicho no a Gioconda, pero qué vas a decir si se unen en un mismo acto Gioconda Belli, su novela, Nicaragua, la sangre menstrual y… ¡Sofía Montenegro! ¿Cuál frase sensata y cortés podrías decir? No se me ocurrió ninguna más que esta:

—Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

A esas alturas no había leído El intenso calor de la Luna ni el anterior, el celebradísimo El país de las mujeres, con el que Gioconda provocó el nacimiento de grupos en todo el mundo que van formando equipos e implementando el programa político del grupo de mujeres que protagonizan esa novela, las del Partido de la Izquierda Erótica (Pie).

Corrí a comprarme el libro y empezar a leer. E hice algo más: ¡se lo conté a todas mis amistades! Quería contarles que iba a vivir un momento extraordinario: una conversación con estas dos mujeres virtuosas, pero lo enmascaré diciéndoles que íbamos a presentar la novela de Gioconda Belli y que me enviaran sus preguntas para hacerlas. Todas entendieron el verdadero sentido.

Fui leyendo la novela primero en el mismo sitio, el patio de mi casa. Lo avanzaba y dialogaba a solas con la trama. Y con las conversaciones enriquecidas de Lola Pozuelo, en Córdoba. Seguí en el tren, en el aeropuerto, en el avión no porque me dormí, y lo terminé en un lugar especial, en la casa de mi amiga Laura Castillo, en Miami.Tenía que ser allí, pues desde adolescentes hemos hablado de esos mismos temas de la novela.

La novela

Dije al principio que Emma, la protagonista de El intenso calor de la Luna decide declararse alegremente “lunática”. Esa frase hace sonreir a la mujer y es como un punto final de toda la peripecia en la que la coloca la narradora, pues ha llegado a ese momento después de enfrentarse con ella misma y todas sus creencias, ha roto todos los mitos que le han perjudicado el disfrute de su feminidad.

La novela de Belli habla de la audacia de una mujer que viniendo del mundo de las mujeres a las que desde pequeñas les han quitado sus armas, sus herramientas para desarrollarse con plenitud, consigue despojarse de todos los prejuicios, de re-convertirse, de darse vuelta de calcetín a ella misma, y renacer. Es la audacia de la mujer que se hace.

Belli hace que su protagonista viva una crisis ante la llegada de los síntomas pre menopáusicos. El conflicto de la mujer es agudo pues se enfrenta con toda la ristra de mitos sobre la menopausia: cree que le va a quitar su feminidad, que dejará de sentir lo que antes sentía, disminuirá su pasión, los hombres (ella es heterosexual) la dejarán de desear, en definitiva que se acerca su fin, ese final simbólico que la cultura tradicional (digamos cómo se llama: patriarcado) se ha empeñado en divulgar para que las mujeres crean que sólo tienen dos únicas identidades: la de reproducirse y la de ser la hembra deseada.

Además, Emma tiene una vida en la que esas cosas no se hablan, ni esas ni otras. Tiene a Fernando, un marido que al igual que ella, también le despojaron de sus armas para vivir a plenitud, es decir, tiene una masculinidad reducida, se cree el rol de proveedor y actúa como tal, pero está insatisfecho y no sabe cómo decirlo. Ambos perdieron la pasión de pareja. La escritora les coloca en una situación en la que es inevitable ver hacia afuera, y ocurren infidelidades.

Mientras tanto, hay otros dos personajes, Ernesto y Margarita. Y hay todo un desfile de personajes, las amigas de ella, los amigos de él, la ginecóloga que se arma de paciencia y le explica a Emma que hay vida más allá de la menopausia, el barrio San Judas donde acaecen hechos importantísimos, una Nicaragua con gente desencantada con los políticos, y está un personaje que me llamó muchísimo la atención…

… es la madre de Emma. Hay un momento en la lectura en que la vida de Emma te podría exasperar, porque la juzgás y decís ¿cómo puede una mujer tener tantos prejuicios sobre la vida de las mujeres y vivir tan tranquila? ¿De dónde viene esa mujer? Pero luego te das cuenta que la narradora lo que está haciendo es un retrato fiel de la mujer desarmada, de la mujer despojada de cualquier poderío. Y Belli hace aparecer a la madre de esta mujer, que la educó para ser mirada por otros, sin permitir que se viera ella misma. La madre sufrió una crisis a su vez. Quise ir a abrazar a esa madre y llorar con ella. Esta narrada en pocos párrafos y a mí se me hicieron los párrafos más intensos. Comprendí a Emma y todo, y llorando, mientras leía, grité ¡Gioconda, salva a Emma, pliz, sálvala!

La presentación de El intenso calor de la Luna

El día de la presentación de la novela de Gioconda Belli fue el 12 de noviembre, en el auditorio del centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, en Managua. Se llenó-repletó de gente. Fue una hora y 20 minutos de conversación que ha sido calificada como “la mejor presentación de novela de autor hasta la fecha, después de la que hicieron Juan Villoro con Edgard Tijerino, que fue lo máximo”, también en Managua.

Si vas a tener en la conversa a Gioconda Belli y Sofía Montenegro el asunto está asegurado. Hacer click se le llama cuando algo calza con algo, a la perfección. Belli y Montenegro son dos mujeres que llevan varios años encontrándose, platicando, se conocen los tonos, las miradas, perspectivas, no siempre coinciden en todo, han crecido juntas cocinando ideas. Para mí, el panorama se propuso fácil, el reto era ordenar las ideas.

Y nos ordenamos el día anterior. Nos reunimos las tres en casa de Sofía, e invité a Digna Bendaña, excelente periodista nicaragüense y relacionista pública, para que nos catara. Nos dio su visto bueno. Los roles quedaron así: Gioconda, la escritora que cuenta los porqués y para qués de su historia; Sofía, la interpretadora, la sabia que descifra el oráculo de los entresijos de la novela. Mi rol fue el de periodista-preguntona y hacer que dijeran.

Ambas cumplieron su rol magníficamente. No cumplí el mío, porque todo fluyó, y tanto que fluyó que hasta se crecieron -dijeron y elaboraron más- ante el calor del público. Eso es mérito del público que las jaleó con su interacción, aplaudiendo, riendo. Cuando miraba al público para medir cómo íbamos solo miraba caras sonriendo. Ambas tienen un público muy interactivo, las he visto antes actuar y son de las que hablan para la gente, y tienen ese radar para saber empatar. El público de Gioconda, además, sus lectores y lectoras son multitud que la celebran como estrella de rock.

Sofía dijo esto (y luego lo escribió, aquí):

“Digo que es una novela lunar en todo sentido, puesto que nos muestra a lo largo de la vida de Emma, que el principio femenino simbolizado por la luna -que era visto en las sociedades pretéritas como el origen de la vida y el que impone orden al caos- se cumple a cabalidad y porque Emma conquista de forma airosa su fase de luna menguante. El principio femenino se manifiesta en tres aspectos arquetípicos: el de la mujer doncella, la mujer madre y la mujer saga, que representa a la mujer madura y el poder de la antigua matriarca tribal. Es decir, esa que hacía las decisiones legales y morales para sus súbditos y descendientes y que no reconocía amos.

“Esta trinidad femenina era representada por la luna nueva (doncella), luna llena (madre) y luna menguante (saga). La palabra “saga” que significa “hembra sabia” y “Aquella que habla”, era asociada con la poesía sagrada, el don oracular y la ley. La Dea Madre, pues. El infantilismo masculino solo acepta la fase de la doncella y la madre, en su papel nutricio y amoroso y cuidador, pero le teme y reprime el aspecto sexual e independiente de la saga. Por eso lo rechaza y lo desvaloriza”. (Para seguir leyendo, hagan click aquí: La doble resurrección de Emma Bovary).

El día que nos organizamos acordamos vestirnos con los colores de la Luna, la saga, la sangre, con el blanco, negro y el rojo. Y celebrar con una copa de vino, abanicándonos. Y Sofía propuso que le entregásemos a Gioconda la Orden de la Cucharita, que la propuso el escritor isarelí Amos Oz, y que la narradora incluyó en la novela. Así me encargué de buscar una cucharita, utensilio que encontré ese mismo día, a pocas horas de la presentación, en el restaurante El Segundo cuando a propósito pedí un café espresso, y que sustraje sin avisar pero prometo retribuir.

La entrega de la Orden de la Cucharita fue el momento culminante de toda la presentación. Leí en voz alta al escritor Oz:

“Las personas que comparten mi actitud, no la de huir o la de exigir que otros se hagan responsables, sino la de la cucharita, querría que llevaran prendida en el pecho una cocucharita que los identifique como miembros de la Orden de la Cucharita y así todos los demás sepamos quiénes estamos en la misma hermandad, en el mismo movimiento de hacer algo para apagar los fuegos del mundo”.

Y entonces dije: “Querida Gioconda: por la fabulosa novela que nos has regalado, por el brillante recorrido como escritora narrando los mundos de todas las mujeres del mundo, en nombre de los hombres y mujeres aquí presentes, el de Sofía y el mío, te hacemos entrega de la Orden de la Cucharita”. Sofía le colocó la cucharita con un lazo rojo, el público de pie aplaudió a la escritora varios minutos.

Gioconda con su Orden de la Cucharita

“El día de la presentación de la novela en Managua, Sofía y Mildred, mis queridas amigas que me presentaron, me otorgaron la “Orden de la Cucharita”. Para los que no saben de qué se trata, aquí les dejo el fragmento de EL INTENSO CALOR DE LA LUNA donde se habla de Amos Oz y su Orden de la Cucharita”. (Para seguir leyendo, click en la foto hacia la Fan Page de la autora).

 

Mientras le aplaudían, me alejé un poco, para ver y sentir. Me forcé a ver en cámara lenta y sin sonidos. Miré a Gioconda de espaldas y Sofía, abrazándose largamente, entregadas las dos con sus cuerpos. Luego la escritora sola frente al público, saludando y agradeciendo. La miraban. Los rostros de escritoras, escritores, amistades, admiradores, gente adulta, joven, un grupo de mujeres sobradamente feminista, políticos, académicos, periodistas, mis dos sobrinas, una tía materna, dos de mis blogueras favoritas, las otras dos mujeres a las que la escritora dedica la novela –Salvadora Navas y Desireé Elizondo-, chispazos de los flashes de los fotógrafos, toda la gente sonriendo con los ojos brillantes, gente alegre, celebradísima la poeta Belli, qué dicha mujer, reunidos todos en una fiesta para celebrar tus palabras escritas.

(Aquí hay un álbum completo con las fotos que hizo Jorge Mejía Peralta).

Una clave final: Las miradas
Al finalizar el brindis, y antes de marcharse tuve la oportunidad de abrazar fuerte a la muy reconocida y celebrada sexóloga nicaragüense Auxiliadora Marenco, que me dio una de las mejores claves para leer el libro.

“Fue genial señalar la importancia de la mirada. La mujer sabe la diferencia entre ser mirada y ser deseada. La primera te da un lugar de dignidad como sujeto que piensa y siente. La segunda, apenas por tus formas y tamaños, te convierte en objeto”.

Cuando estén leyendo, recuerden eso. De eso se trata la novela El intenso calor de la Luna: de la audacia de una mujer que se convierte en sujeto, por las miradas de los demás y por la suya. Y de cómo celebrar nuestra sangre menstrual y despedirla, ardiendo como la Luna.

 

 

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