Mildred Largaespada

La maravillosa vida de Hernán Vera

In Comunicación, Periodismo, Política on 11 agosto, 2014 at 7:20 pm
Hernán Vera. Photo by  Carlos Henríquez Consalvi y Museo de la Palabra y la Imagen @tejiendomemoria: "Hernan Vera, Maravilla en la quebrada donde escribió editoriales y arengas, hasta los jutes lo recordarán por siempre".

Hernán Vera. Photo by Paolo Lüers, vía Museo de la Palabra y la Imagen @tejiendomemoria: “Hernán Vera, Maravilla
en la quebrada donde escribió editoriales y arengas, hasta los jutes lo recordarán por siempre”.

 

Por Mildred Largaespada

Hernán Vera se convirtió en leyenda el mismo día en que nació. Y los siguientes días y años de su vida tan solo se dedicó a encontrarse con gente que reafirmó, escuchó, verificó, comprobó que esa persona llamada Hernán-Vera realmente existía, que no eran cuentos de las y los centroamericanos, tan dados a inventar y exagerar las cosas, que no era realismo mágico, ni ficción, ni delirio.

Que nació en Caracas, sí, de una madre y padre amorosos, que le cultivaron el nacimiento de sus alas de artista. Y que cuando le empezó a crecer el tumor en la cara hicieron de todo para salvarle. Un tumor que le deformó el rostro y que, a su vez, le convirtió en personaje inolvidable. Que estando en Londres estudiando cine con un grupo de amigos supo de la revolución nicaragüense y se dijo “¿qué estamos haciendo aquí? ¡Vamos a filmar eso, vamos a hacer una película!”. Que antes de llegar a las tierras nicaragüenses y calenturientas pasó por El Salvador y se quedó, o lo quedaron, para fundar la emisora clandestina Radio Venceremos que volvió locos a los militares y fortaleció al pueblo. Allí, en medio de la selva de Morazán, renació con el sobrenombre que le acompaña ahora: Maravilla. Hernán Vera, Maravilla, o Mara para las amistades. En Perquín hizo la revolución sonora.

Con la paz firmada se fue a México y fundó Argos, la potente productora de televisión que ha suscrito las telenovelas que revolucionaron el panorama de los culebrones mexicanos, tan inclinados al lloro y al machismo, al arcaismo y la nada. Con Argos, él, Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco, devolvieron humanidad a las y los personajes telenovelescos y acogió a guionistas que hoy ganan óscares en Hollywood. Hernán Vera era un mago de la edición, creando mundos con imágenes. Una revolución icónica y de contenido, y allí estuvo, otra vez, Hernán Vera.
Caminaba Hernán Vera con un su estilo pecho arriba y cabeza altiva y mano inclinada de cortesano francés. Hablaba con acento venezolanísimo. Narraba con pluma de escritor sensible organizando metáforas singulares que le nacían inmediatas y organizando diálogos impactantes que aún suenan en la memoria de cualquiera que te diga que conversó con él y que alguna gente de la literatura y el cine pagaría millones de euros por una de sus líneas. Se mesaba las barbas, elevaba una ceja, decía maravillas. Existe el tal Maravilla, te susurraban al oído, no son inventos de la gente.

Llegó a mi vida a principios del 90 para nunca salir más, junto con Ana Lidia Rivas y Marvin Galeas y Santiago, durante un bendito enredo creativo en el que me visitaron a diario durante una semana sí, otra también, en Managua. Qué gente más simpática, pensaba, y qué bien hablan. Hernán me ofrecía un traguito al llegar a casa.

No bebo ron, le dije.

— Pues dime qué quieres y te lo doy contestó, pícaro, con esa su elegancia de buena cuna que nunca se la apeó. Luego, pero bastante muy luego, supe que los simpáticos salvadoreños eran la plana mayor de la Radio Venceremos. Se bebieron el suyo y todo el ron de la Vivien Altman… con ella. Para eso es, dijo la Vivien. No dijo eso, no. Dijo: Right!

Adelantemos la película y estamos en La Habana. Con Hernán estoy bebiendo y llorando y hablando nuestra pena porque Pablo Cerna, nuestro brother, se está muriendo de cáncer en una cama del Hospital hermanos Almejeiras. El escenario es el habanero hotel Nacional. Decidimos seguir la plática-bebida en la habitación y la gente del hotel no deja subir a un amigo cubano, por ser cubano. A esas alturas ni Hernán ni yo nos creíamos extranjeros sino cubanos. Y empezamos a lidiar con las reglas del hotel. Una cosa lleva a la otra y llaman a la policía cubana para que nos lleve a la cárcel, por pendencieros. Les vemos venir y nos vamos aparte:

— Deciles que se vayan, que ya se acabó todo.

— Chica, no juegues, tienes frente a tí a nada menos que a la policía secreta cubana.

— No importa, hermano, no voy a dejar que te lleven.

— ¿Y quién me va a llevara mí? No voy a dejar que te lleven a tí. Si nos llevan será a los dos. Tú te agarras de mi pierna, si acaso.

Hice caso rapidito. Cuando Hernán dijo que no pasaba nada y que nos íbamos tranquilos, aquellos nos pidieron los pasaportes, dijimos que no dábamos los pasaportes. Estaba la bella Gabriela Roel y dialogó amablame y mexicanamente con ellos. Algo pasó y se llevaban a Hernán a meterlo al coche. Me agarré con fuerza nica de su pierna. Nos quitaron los pasaportes. Hernán hizo una llamada telefónica a alguien de las altas esferas. Finalmente creo que nos tuvieron lástima. Nosotros les agradecimos a los agentes cubanos porque nos ayudaron a hacer catarsis. Se nos estaba muriendo un amigo y ellos nos ayudaron a llorar y sacar la rabia que provocaba nuestro infortunio. No recuerdo cómo salimos de La Habana… y con pasaportes.

El cineasta venezolano Hernán Vera, en pose "muy Whitman". Photo by Alberto Barrera. Difundida por @ArgosTv y @epigmenioibarra

El cineasta venezolano Hernán Vera, en pose “muy Whitman”. Photo by Alberto Barrera. Difundida por @ArgosTv y @epigmenioibarra

Hernán Vera amó y amó, como nunca he sabido más de un humano sobre la Tierra. Amó a sus hijas Candela y Sofía, detalló sus eventos importantes, las conversaciones con ellas, cómo crecían, pensaban. Nos enseñó a quererlas. Amó mujeres. Ellas se le ponían en bandeja de plata, cosa que era inexplicable para algunos, pero para algunas era una acertada manera de proceder. Él las trató como reinas.

Anoche se murió Hernán Vera. Nacimos para que tuviéramos el privilegio de encontrarle en algún momento del camino. Vivió para hacer todas las revoluciones que quiso y las hizo toditas. Donde tocó, algo creció y siempre creció algo muy creativo. Sos parte de mi transformación vital, ya mi hijo y mi hija te conocerán como leyenda, sí, en aquellas tierras habitó un personaje llamado Hernán Vera y así y así y así fue….

— Que historia más maravillosa, mamá.

— Sí, hijos. Una maravilla. Maravilla. Como Hernán.

  1. Lo conocí sólo tres horas, que bastaron para enamorarde de su humanidad.

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  2. Este hombre fue mi cuñado….Extraordinario ser humano!!!!!!

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  3. […] (Acabo de revisar y son 1,553 visitas, en la despedida que le escribí a Hernán Vera, aquí). […]

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  4. Con mucho dolor saber la siembra de HERNAN, para mi no ha muerto sigue dentro de aquellas personas que lo conocieron y dejo algo para continuar, me trae recuerdo cuando lo conoci eramos adolecentes y con un proyecto de vida muy hermoso

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  5. Soy de quienes pueden constatar que la leyenda es cierta. Lo conocí en 1995, en la obscuridad de un foro de televisión pero ya había escuchado hablar de él. Después trabajé a su lado y entendí un montón de cosas que deben entenderse para seguir en este oficio que es hacer telenovelas, pero la más importante, es que hay que hacerlo con alegría. El fue un maestro en esto. Un abrazo a todos los que lamentamos su partida, pero que nos sentimos privilegiados por haberlo disfrutado.

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  6. Bellísimo. Te luciste. Felicitaciones. Seguí escribiendo y sintiendo así.

    Un abrazo, josé luis

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  7. Silvio, acabas de decir la frase que nunca encontré esta mañana para escribir este homenaje a Hernán: creímos que era inmonrtal. Por todas las aventuras que pasó y seguí él tan tranquilito. Que sean dos cachimbacitos, #yeah

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  8. Hombre jodido, cómo se fue a morir Hernán…me quedo de piedra, yo pensaba que este bróder era inmortal. Sólo espero que haya contento, haciendo un buen balance de la vida que vivió y de la que ahora se ha empecinado en morir. Nos vemos al round hermano, tenenos listo cachimbacito de bienvenida.

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