Mildred Largaespada

Qué está pasando en Cataluña

In España, Política on 4 diciembre, 2012 at 5:16 am
Joan Font Fábregas, en la sede del Iesa-Cisc, en Córdoba.

Joan Font Fábregas, en la sede del Iesa-Cisc, en Córdoba. (Photos by MLargaespada).

Joan Font Fábregas se dedica a estudiar el papel de los ciudadanos y las ciudadanas en la vida política. Licenciado en Historia Contemporánea, Máster por la Universidad de Michigan (EE.UU) y Doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Barcelona, actualmente investiga en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (Iesa-Cisc), con sede en Córdoba.

Font Fábregas (Barcelona, 1963) últimamente anda interesado en saber si a los ciudadanos les interesan los resultados de las políticas o los procesos. Sobre procesos hablamos durante esta entrevista en la que analiza los más recientes resultados electorales en Cataluña.

 ¿Qué está pasando en Cataluña?

 Lo último que ha pasado es que ha habido unas elecciones y que han generado mucho revuelo y muchas sorpresas por distintas razones. Por un lado, lo último digamos, es porque las encuestas se han equivocado mucho y porque son unas elecciones que las ha convocado un presidente a mitad de la legislatura esperando que iba a sacar un resultado espectacularmente bueno, que le iban a dar quizá una mayoría absoluta, un mandato electoral muy fuerte. Las convocó realmente por esto, no había otro motivo, y lo que ha ocurrido ha sido lo contrario: al partido Convergencia i Unió (CiU) le ha ido muy mal, ha perdido escaños, ha perdido votos y eso ha supuesto una sorpresa importante.

¿Qué pasó antes para que ocurriera este resultado electoral?

Las elecciones son lo más coyuntural, pero hay algo igual o más  importante de fondo y es algo que fuera de Cataluña creo que no lo hemos visto hasta este  mes de septiembre pasado, hace dos meses, cuando hubo esa manifestación impresionante del 11 de septiembre pasado, que es el día nacional de Cataluña. Siempre hay una manifestación pero, yo recuerdo la mayor parte de mi infancia, eran manifestaciones muy pequeñitas, muy residuales, de 8 o 10 mil personas, y de repente este año las cifras de las que se ha hablado han sido de un millón  y medio de personas, una barbaridad absoluta. Sea cual sea la cifra real, da igual que sea un millón o un millón y medio, en todo caso es la manifestación mas grande que ha habido nunca en Barcelona y que hizo que todo el mundo dijera ¿qué es lo que está pasando?

Aquella manifestación tenía como lema: Cataluña nuevo estado de Europa.

Creo que no conozco a nadie en Barcelona que no fue a la manifestación. Todo mundo fue. Gente que fue por motivos distintos. Tengo amigos que no son independentistas y fueron, había gente que me dijo la frase “era un día histórico había que estar ahí para verlo”, gente que fue por curiosidad, que fue para expresar hartazgo y rechazo ante muchos de los acontecimientos de los últimos años, del malestar económico y recortes. Y luego los independentistas de toda la vida, que hay muchos,  y luego los otros, que les llamaría “los nuevos independentistas”, los que se han convertido a esa causa en los últimos años que también son muchos.

Dice que nos demostró algo que no habíamos visto.

Que es que hay una insatisfacción muy fuerte entre la población catalana respecto a su encaje en el estado español., en España. Una insatisfacción que yo creo que tiene raíces muy diferentes. Hay una parte que es económico-territorial, por llamarle de alguna manera, que tiene que ver con cómo repartimos los ingresos y los gastos en el conjunto de España. Hay un dato discutido, pero al mismo tiempo objetivo, que es cuánto dinero entra y cuanto dinero sale, y hay bastantes cifras que bailan y que los expertos no se ponen de acuerdo, pero está claro que hay mucho más dinero que sale que no que entra en Cataluña. Eso hasta cierto punto es completamente normal, ocurre en todos los países del mundo, las regiones más ricas dan más y reciben un poco menos porque eso ayuda a igualar las cosas respecto a las regiones menos ricas. Lo que dicen los catalanes y algunos de los expertos es que el nivel en que eso ocurre en el caso catalán es mucho mayor al que ocurre en otros sitios y que eso provoca un saldo fiscal enorme y que termina empobreciendo a Cataluña.

¿A qué se refieren exactamente?

Hay algo que sí es cierto y que todo el mundo acepta es que antes de que se produzca esa redistribución territorial Cataluña es una de las regiones más ricas. En el ranking es la tercera o la cuarta. Y que después de hacer esa redistribución territorial queda más abajo, queda la quinta o la sexta. Eso es lo que ellos dicen que es injusto. Les parece bien ayudar a que el último no esté tan abajo, sino que suba, pero claro, ¿porqué los catalanes después de repartir tenemos que pasar a ser más pobres que los de La Rioja? Esa es una parte de los agravios.

Hay otra parte de los agravios algo conectada a esa, que es la que llamaría la parte social. Ahí hay un malestar que no es exclusivamente catalán. Lo estamos viviendo todos los españoles: los últimos años han sido de recortes sociales muy fuertes, de empezar a pagar una parte mayor de los medicamentos, de privatización de servicios públicos, empeoramiento de la educación. Pero eso que está ocurriendo en todas partes, en Cataluña ha ocurrido con mayor intensidad que en otras comunidades autónomas, más que en Andalucía por ejemplo, donde vivimos tú y yo. Y el gobierno catalán ha sido capaz de convencer a la población catalana o a una parte importante de la población catalana de que eso no es culpa suya, sino de que es culpa de ese maltrato económico que sufre Cataluña.

Joan Font Fábregas2

Personalmente creo que eso no es verdad, sino que el gobierno catalán ha sido vanguardista en los recortes sociales, de los que ha liderado la política de recortes sociales, y además lo han hecho porque ellos creen firmemente en eso, ellos creen que el estado de bienestar es excesivamente generoso. No hay que olvidar que el partido que gobierna en Cataluña es de centro derecha, y que no cree realmente que tenga que haber  un estado del bienestar tan fuerte. Pero eso que ellos han hecho, creo que fundamentalmente por convicción, han logrado convencer a la población catalana, de que en realidad no tenían otro remedio porque era algo que imponía el gobierno de España.

Y luego hay una tercera parte, igual de importante que estas dos, que llamaría democrático-política y que arranca desde todo el proceso de reforma del estatuto de autonomía, que es como la Constitución catalana, la que marca las reglas del juego internas y de la relación entre Cataluña y España.

Aquel proceso que cristalizó en el Estatut (Estatuto de Autonomía de Catalunya), que se hizo en los primeros años de este siglo, generó muchas expectativas…

… y luego todo ese proceso fue muy frustrante. Hubo un estatuto que se aprobó en el parlamento catalán, luego el parlamento español lo rebajó mucho y luego el tribunal constitucional lo rebajó muchos más. Y dejó una sensación de “nos prometieron una cosa y eso no se ha cumplido y al final de todo un proceso tan largo y complejo al final nos hemos quedado con un instrumento que no nos sirve, que no mejora la situación”. Y creo que la situación que quedó ahí fue “eso es porque en España no nos entienden, y no van a aceptar nunca que tomemos decisiones sobre cómo queremos hacer las cosas, nos van a imponer siempre su manera de hacer las cosas”.

Este tema del que estamos hablando ha tenido al país en vilo y fuera del país también ha causado tantas interrogantes ¿se separa finalmente Cataluña de España? Dentro, ¿cómo se está viviendo?

 Dentro genera diferentes tipos de reacciones y eso se ha visto en las elecciones del domingo pasado. Ese malestar con España es muy generalizado, y lo comparte la amplísima mayoría de la población catalana incluyendo votantes de los partidos digamos más españoles: el PP y el Psoe. Otra cosa es ¿qué haces con ese malestar?  ¿Qué salida política le das? Ahí es cuando una parte muy importante de la población catalana, quizá en torno a la mitad, está diciendo “esto ya no tiene salida con España, ya no hay un futuro posible, ya llevamos mucho tiempo intentándolo”.

Y sale a la calle para hacer notar ese malestar…

A mí también me sorprendió la manifestación del 11 de septiembre, y había alguna gente que me decía “mira, es que tenemos la sensación de que el barco España se hunde, y entonces nosotros nos subimos a un bote salvavidas que a lo mejor también se va a hundir, pero como el barco está claro que se hunde, el bote salvavidas nos da una pequeña la esperanza de no hundirnos con él”. Ese bote salvavidas es la Cataluña independiente.

Ahí es donde el segundo factor que menciona, el de la crisis económica en España, podría haber potenciado todo esto. ¿Cree que en una España sin crisis económica habría ocurrido igual?

Hay una parte importantísima de la crisis económica, otra de la crisis social, que resulta de las políticas que se aplican para resolver la crisis económica, y otra parte de la sensación de que esto no tiene solución política. Porque hay un gobierno que nos metió en la crisis que es el partido socialista (Psoe) y otro gobierno que es el que se ha elegido para sacarnos de la crisis pero que está demostrando que es absolutamente incapaz de hacerlo que es el Partido Popular. Por tanto ninguno de los partidos españoles con posibilidades reales de gobernar nos puede sacar de ahí.

¿De qué estamos hablando realmente: soberanía, nacionalismo, independentismo…?

Creo que una de las cosas más importantes que está poniendo sobre la mesa todo este debates es que esos tres conceptos que acabas de mencionar, que quizá hace cinco años los habríamos asociado mucho, en estos momentos están mucho más separados, son mucho menos distinguibles, mucho menos sinónimos. Primero independencia y soberanía: hay una parte importante de los catalanes, quizá la mitad, que apuestan por la independencia, pero hay una parte mayor que apuesta por la soberanía. Es decir “queremos decidir nosotros nuestro futuro, tanto si decidimos quedarnos en España como si decidimos salirmos, queremos ser nosotros los que decidimos”. Allí hay partidos y ciudadanos que defienden esa opción: “no sé que voy a votar en un hipotético referéndum pero en todo caso la decisión tiene que estar en Cataluña”.  Todos los independistas son soberanistas pero no todos los soberanistas son independentistas.

Joan font Fabregas3

Por otro lado, hace unos años, normalmente coincidían el independentista era el que era muy nacionalista, que tenían un profundo sentimiento de sentirse muy catalán, de no sentirse nada español, y esa situación cultural la traducía en proyecto político: “como me siento catalán, quiero que mi país político sea mi nación  cultural”, “como no tengo ningún dilema, ninguna dificultad y tengo claro que Cataluña es mi país, quiero que eso se traduzca en la forma Estado”.

Yo diría que todo lo que hemos estado hablando antes ha provocado que esa asociación sea mucho menor por estos nuevos independentistas que han surgido en estos últimos años, que no son necesariamente nacionalistas, que son gente que su familia o ellos mismos han nacido en otras partes de España, que se siguen sintiendo un poco españoles, que usan el castellano en su casa como primera lengua pero que a pesar de eso dicen que en el barco España, con la situación económica y política que hay,  no queremos estar, por tanto queremos ser independientes.

Ahora con el resultado de las elecciones, ¿cuáles asuntos tienen que aprender Artur Mas y CiU?

Las elecciones dan dos mensajes, igual de importantes: por un lado la idea soberanista recibe un apoyo muy fuerte. Los partidos que defienden ese hipotético referéndum suponen dos tercios del parlamento catalán. Pero en contra de lo que esperaba Artur Mas, que todo ese apoyo girara en torno suyo, salió al revés, todo ese apoyo ha quedado muy debilitado. Los votos a CiU son menos de los que había hace unas semanas. A su vez creo que tiene muchas ventajas, porque ese hipotético referéndum tendrá que ser mucho más pactado, mucho menos plebiscitario, mucho menos de apoyo a una determinada fórmula, persona o proyecto de Cataluña. Ahora suponiendo que los catalanes pudieran decidir por sí solos y que España no se opusiera: incluso en ese escenario tendría que ser un proyecto de referéndum que contara con el apoyo y el beneplácito de fuerzas muy diferentes.

¿Continuarán con la idea del referéndum?

Creo que nadie sabe en estos momentos qué van a hacer con la idea del referéndum. Pero antes del referéndum hay que tomar muchas decisiones y esas decisiones las tiene que tomar una determinada mayoría parlamentaria. Y no está claro qué mayoría parlamentaria se va a poder formar. Porque suponiendo que el referéndum sea una prioridad para esta legislatura esa mayoría parlamentaria debería formarse entre los partidos que apoyan la idea del referéndum. Y la coalición que pudiera darse es entre CiU e Esquerra Republicana (Izquierda Republicana), que es otro partido que está de acuerdo con la idea, con más radicalidad, pero comparte la idea de hacer el referéndum. Pero en muchos otros temas CiU y Esquerra tienen ideas distintas de cómo combatir la crisis económica. Esquerra es un partido de tradición más de centroizquierda, socialdemócrata, y se están peleando sobre muchas de las políticas sociales y los recortes. Creo entonces que no está nada claro.

También con el Partido Popular (PP) las relaciones quedaron dañadas.

CiU es un partido que se sitúa en posiciones moderadas, pero lo que le gustaba era eso que llamaban su política de “geometría variable”: unas leyes las pactaban con el PP, otras con el Psoe,  otras con Esquerra Republicana… pero claro con el clima político que ha quedado ahora, sus relaciones con el PP han quedado muy enrarecidas, más si digamos que en ee horizonte se plantea ese hipotético referéndum. Pero también es difícil que lleguen a acuerdo con otros posibles socios.

La realidad cotidiana de la política a veces provoca que los ríos se devuelvan, ¿cuál cree que es el escenario de futuro más probable?

Creo que ahí distinguiría dos cosas distintas: sinceramente creo que lo más probable es que termine habiendo algún tipo de acuerdo, que al final la agenda económico social se imponga sobre la nacional. Que termine habiendo a medio plazo, recomponiendo muy despacito las relaciones entre el PP y CiU, de manera que CiU tenga un tipo de mejora económica en la financiación de Cataluña, que pueda vender a su electorado diciendo “como hemos conseguido esto, y esto es un resultado tangible de todo este proceso y como esto vale la pena y en este momento no podemos aspirar a más, vamos a parar aquí. No nos hemos olvidado de que nos gustaría hacer un referéndum, en el futuro queremos que los catalanes decidan, pero de momento esto que hemos hecho nos ha permitido lograr esta financiación.

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