Mildred Largaespada

Poderosa Managua

In Centroamérica, Cultura, Educación, Mujeres, Narrativa, Periodismo, Política on 5 febrero, 2012 at 9:09 am

Managua no es una ciudad como le llamaría ciudad un londinense que tiene por referencia calles que doblan y hacen esquina con alguna plaza con nombre y casas con números, y parques con bancos de hierro forjado, y perritos haciendo sus necesidades en el área especificada para tal menester.

Tampoco es un pueblo blanco con casas encaladas y lindas y patios floridos, como en Andalucía y Extremadura. No es México D.F, ni Buenos Aires. Managua ni siquiera es un estado mental, como la Nueva York de Woody Allen, ni se parece a un escaparate comercial iluminado de neones como se ve en las fotografías que es Tokio.

Managua nunca tendrá rascacielos porque se los ha prohibido la prescripción médica, que se llaman arquitectos, quienes han recomendado no se construyan edificios altos porque la gelatina que tiene por suelo se emocionará ante cualquier gesto brusco, llámese temblor o terremoto,  y no está la ciudad para sustos.

Un parque de Managua es un predio con líneas trazando la forma de un diamante, con su homeplate, su primera, segunda y tercera bases, apto para jugar béisbol y macear dinero en una mañana de domingo.

Managua vista desde el cielo semeja un rompecabezas lanzado con furia por un niño necio que no quiere jugar y que deja las piezas todas regadas, unas volteadas boca abajo y otras boca arriba, a la orilla del Lago Xolotlán. Vista desde abajo, la ciudad puede ser una bolsa de plástico arrugada y tirada en el suelo coronada por un escupitajo de alguien colmado de arrechura que no alcanzó en el bus repleto de gente.

Managua es también cantinas con roconolas panzonas de discos de 45 revoluciones, con patas rencas y boquitas de mango celeque. Es la ciudad de los bares llenos de universitarios que debaten con pasión sobre política nacional e internacional y que se intercambian direcciones de lugares donde las fotocopias sean más baratas.

Es grupos de rock sin escenarios. Es poemas en papeles arrugados esperando el momento oportuno. Es un lugar para bailar en las fiestas de noche, en los bautizos a media mañana, y pintado de contil siguiendo a la estatua diminuta del milagroso Santo Domingo. Es calles acaloradas para manifestaciones políticas igual de acaloradas. Managua es el teatro arrebatado a León de las protestas estudiantiles del eternamente negado 6 por ciento del presupuesto nacional para las universidades.

Es calor, calor, calor y sudor. Es ciudad apta para la ropa de algodón y el sombrero de pita, para el aire acondicionado trabajando a todo mamón, para ventanas abiertas y mecedoras en las aceras a partir de las cinco de la tarde. Es cariño expresado en el plato de comida rica que la vecina de tu casa te lleva para compartir la buena sazón.

Es piñatas quebradas por un montón de chavalas y chigüines, donde todas y todos nos iniciamos en el baile, es fresco de cacao con arroz con pollo en los cumpleaños, es café negro y nacatamal los domingos por la mañana. Es patio de atrás de las casas mojado por las tardes para que refresque, y sitio idóneo para la mesa coronada por la botella de ron y los limones partidos por la mitad, un sábado con amistades.

Managua es la ciudad mítica en la memoria de los sobrevivientes del terremoto de 1972, y la envidia de quienes nacieron después, porque nos quedamos sin “ciudad”. Es un solitario Teatro Naciona Rubén Darío mirando hacia el Lago Xolotlán lleno de mierda y es ruinas amenazantes en el antiguo centro. Es Managua, Nicaragua, donde yo me enamoré y también ¡Qué viva Managua!, de Carlos Mejía Godoy.

Es ir del arbolito que no existe dos cuadras al lago y llegar sin perderse de dónde fue el Club de Clases una cuadra y media hacia la montaña, para llegar a la casa donde nací. Es Laguna de Tiscapa al centro, donde antes los managuas aprendíamos a nadar y a hacer clavados desde las piedras Cuapes y ahora ya no, porque es un huacal de aguas negras, laguna aún moribunda, pues parece que la pueden salvar.

Es el zapatero en la esquina, la barbería a dos cuadras, el afilacuchillos y tijeras cada miércoles, el yoltamal pregonado con un chillón timbre de voz, la pulpería para el fiado y la buena conversación. Es una barata que igual sirve para anunciar un nacimiento que un funeral, publicidad política y la misa del domingo. Y hasta para gritar una declaración de amor y que todo el barrio lo sepa.

Managua es el Munich para terminar la noche tomando sopa de hueso o de mondongo. Es calles con nombres de Héroes y Mártires y murales políticos sin conservar, desdibujados por la falta de pintura, de atención y de memoria. Es gallopinto con queso y tortilla por la mañana, fritanga en las mejores esquinas de la noche, carne asada al menos una vez por semana, y ahí siempre un par de perros  rondando a tu lado esperando lambetear la hoja de chaqüite que sobre.

Las casas de Managua tienen paredes de plástico negro y tierra por suelo. También las hay minifalda de cemento con torso de tablas desiguales.  Hay casas aderezadas con electrodomésticos. Hay casas que habitan humanidades que empiezan su vida con el show de Don Francisco y terminan en un mall de Miami. Hay casas-mansiones, y casas donde se trabaja a diario y aún así no se llega a fin de mes.

Será ciudad-ciudad managua algún día, se lo debemos. Y pobre de quien crea que los supermarket y otros derivados transnacionales que ahora la adornan como pegostes la convertirán en ciudad. Yo quiero seguir siendo de una Managua que no sea importada, que no sea traicionada. De una poderosa Managua.

(La ciudad de Managua está cumpliendo 160 años de ser la capital de Nicaragua. Este texto fue publicado originalmente en Julio, de 1999, en Confidencial y ahora lo he editado para actualizarlo. Aquí les dejo una copia del original: Poderosa Managua (1999).

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  1. […] artículo más leído del año fue Poderosa Managua (leer aquí), un texto que continúa su vida exitosa desde que lo publiqué en 1999 y que lo republiqué en el […]

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  2. […] las carreteras principales. (Más descripciones en el blog de Mildred Largaespada 1001 Trópicos: https://milyuntropicos.wordpress.com/2012/02/05/mangua-nicaragua/ […]

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  3. Hay que agregar que en Managua las mantas publicitarias son infinitas, que hasta podes chocar porque te tapan el semáforo. Tambièn vemos kilómetros de cables de energía en macollas indescifrables flotando en las orillas de las calles! excelente Mildred!!

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  4. […] El otro artículo que aparece muy visitado es el de “Poderosa Managua”, que son mis recuerdos de la ciudad donde nací y que ha gustado porque son recuerdos compartidos […]

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  5. […] El otro artículo que aparece muy visitado es el de “Poderosa Managua”, que son mis recuerdos de la ciudad donde nací y que ha gustado porque son recuerdos compartidos […]

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  6. Saludos desde La Habana. Nos gustaría invitarte a nuestra revista free-lance de opinión y literatura VOCES. Puedes escribirme a:
    Un abrazo grande,
    @OLPL

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  7. Información Bitacoras.com…

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  8. Nuevamente la Mildred poniendonos al dia en el recuerdo de los que disfrutamos a Managua, ser de Managua, sin haber nacido en ella, ni siquiera los hijos ni el marido, pero a ver si los amigos son capaces de decirnos que no homenajeamos su verdadero sabor? somos Managua.
    Y asi como dices MIldred, amamos esta ciudad asi, no queremos la Managua importada, aunque por las circunstancias le hemos hecho los ajustes a las importaciones al verdadero rostro de la Managua tan sonhada…Nuestro aporte a tu expresivo articulo es que la Managua sigue siendo el lugar para recibir a los amigos, hasta para despedirlos, para pasar noches antes de elecciones haciendo el recuento e imaginando el mundo que se nos apresenta ya prontito con fondo de palabras, musica y la presencia hermosa de los traguitos y la cervezas en nuestras manos…Esta sera entonces la Managua de siempre la que siempre te espera y la que siempre te brinda su calor arrecho…

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    • Hey poeta Ubaldina, precioso te quedó eso de “imaginando el mundo que se nos presenta ya prontito con fondo de palabras, música y la presencia hermosa de los traguitos y la cervezas en nuestras manos…”. ¡Managua es el lugar para vernos siempre!

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  9. Que linda Mildred, tan lejos y tan cerca para evocar con tu magnìfica pluma la dura realidad de nuestra Managua en su aniversario. Gracias.

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  10. ay! mi Managua, la adoro vos sabes. A veces me imagino manejando por sus calle y experimento una sensación de retorno. Ya sé lo del relajo pero qué se le va hacer./ Lindo post me encantó. Nivel y calidad de prosa. Lo pondré en mi muro facebook mañana, gacias. Saludos.

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  11. Me encantó Mildred. No conozco personalmente Managua, apenas me he asomado al sabor de unos platillos, y me he dado una vuelta por lo que me han contado algunas que fueron cálidamente acogidas en el exilio.

    Pero con tu texto, diría que casi puedo verla, olerla y sentirla. Deberé buscar en el diccionario algunas palabras que seguro no encontraré (sería buena idea hacer un glosario nicaragüense), pero estoy segura que leyéndolo un par de veces puedo hacer un esbozo de una interpretación en colores.

    Gracias por mostrarnos de esa manera a Managua. Me uno a tu deseo de que se conserve poderosa, y original.

    Maravilloso!!

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  12. […] background-color:#222222; background-repeat : no-repeat; } milyuntropicos.wordpress.com – Today, 9:37 […]

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  13. De una poderosa Managua. La ciudad que le profeso amor con mucho odio y también, exactamente, todo lo contrario. Excelente Mildred!!!

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