Mildred Largaespada

La mujer que sabe volar

In Arte, Centroamérica, Comunicación, Cultura, Educación on 28 diciembre, 2011 at 1:45 pm
Bailarina de danza.

Raquel Valiente, volando.

He aquí la mujer que vuela. Inicia el movimiento. Y dentro de sí siente que vuela, ella decide que volará, inspira levemente  y entonces vuela y vuela y vuela y vuela y vuela y vuela y vuela y vuela…………….

La mirás (atónita) elevarse, quedarse flotando en el aire, te emociona, el tiempo se detiene y entonces ella decide bajar, caer al suelo. Y baja, liviana como pluma, posa sus pies como una madre que deposita a su bebé en la cuna, sin hacer ruido, baja la mujer y sigue bailando tan tranquila.

Tiene Raquel Valiente la capacidad de retar a la gravedad. Dice su madre que fue así desde chiquita, que es una cuestión nata. Cuerpo dotado para el baile, mentalidad dotada para controlar sus movimientos corporales, inteligencia para decidir llevar todo su cuerpo donde ella quiere ir. Y trabajo. Trabajo diario.

Es una bailarina nacida en El Salvador pero con su corazón anclado en New York, donde estudió danza en Adelphi University y donde ha decidido residir, quizá porque allá está Broadway y eso es todo lo que necesita una bailarina para vivir, y quizá porque está Tom, que es economista de profesión con cuerpo de príncipe de Il Lago dei Cigni bailando en la Scala de Milán.

Y es mi profesora de ballet (mon professeur de ballet), y como habla inglés como segunda lengua es my ballet teacher. A gente como ella también se le puede describir como la única persona a la que una obedece, que es mi caso. Ella dice hacé esto y una lo hace, ponete aquí y de aquí vas hasta allá en ocho tiempos, y una lo hace en ocho tiempos, empezá con chassé, giro, salta, caés con la izquierda, y la mano derecha arriba y la izquierda en segunda…. Y una lo hace.

Noches y noches de relevés,  pliés y demipliés, conversando con esta mujer, jovencita, que no llega a la treintena, repasando historias de ballets clásicos, profundizando en la lógica y sentimiento de cada movimiento, con Raquel Valiente repasamos la belleza de este arte y oficio, los estereotipos sobre el mismo, el presente y futuro en la región centroamericana.

No sólo buenas bailarinas y buenos bailarines hay en la región, sino perfectas, perfectos, gente nacida y dotada para el arte, que a pesar de los limitados recursos y prejuicios han apostado su vida para ejercerlo. A las escuelas de ballet que existen se suman las compañías ya formalizadas en Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, entre otras, que consiguen establecer temporadas de ballet y galas anuales con tremendo éxito de público y renovadoras del entusiasmo que existe por disfrutar de las obras clásicas y modernas.

Frente a esto, sin embargo, hay vidas rotas de gente que siente la danza en el cuerpo y que no ha podido desarrollar su talento debido a los prejuicios sociales, la falta de recursos económicos, el escaso apoyo de las empresas patrocinadoras. He visto niñas y niños en las ciudades, en los pueblos, bailando en los shows escolares meneando la cadera con buen ritmo al son de cualquier música socialmente aceptada, y que hablando con sus padres te dicen que eso del ballet no es para niños, o que eso del ballet hace frágiles a las niñas.

Es cierto sí que en nuestros países estudiar ballet es caro, como lo es estudiar cualquier otra cosa. Es verdad que no le podés pedir a una familia campesina que sea leal al talento de su hija cuando su objetivo prioritario es darle de comer primero. Pero pienso en la historia de Billy Elliot, y pienso en la necesidad de crear becas estatales y privadas, aprovechando eso que ahora le llaman “responsabilidad social empresarial”. Y desde luego el apoyo fuerte de los medios de comunicación.

Raquel tuvo la fortuna de nacer en un entorno familiar con posibilidades económicas, y en donde nunca se dudó ser leal al talento de la hija. Ahora ella acoge en su estudio a niñas y niños y establece con las madres y padres esa atmósfera de tomar el ballet con la pasión que requiere y el respeto que el mismo cuerpo te exige. Porque el cuerpo mismo te dice cuando el ballet es lo tuyo, es tu cuerpo quien escoge al ballet como un medio para expresarse.

Con Raquel en El Salvador confirmé lo que antes percibí con mis otras profesoras de ballet, Ara Leo Moyano y África Moreno, en Córdoba, España: que aquellas profesoras bailarinas que llevan la pasión del ballet en el cuerpo, son a su vez mujeres apasionadas (nada frágiles, por cierto) y transmiten de forma extraordinaria las enseñanzas a las alumnitas, alumnitos y las alumnas ya grandes (como mi caso).

Cojo zapatillas pues y me voy al parquet.

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  3. Mildred! Me ha encantado todo lo que has dicho! Y me has hecho sentir increiblemente especial! Eres una persona increible y que le doy gracias a Dios por haberme permitido tener una alumna y amiga como tu. Te mando un abrazote!

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