Mildred Largaespada

Roque Dalton y su voz en días de leyenda

In Arte, Centroamérica on 13 mayo, 2011 at 3:22 pm

El poeta salvadoreño Roque-Dalton. (Fotografía tomada de: http://www.hispanicla.com/cuatro-poemas-de-roque-dalton-9504

Hubo una época en que la felicidad se presentaba en forma de pequeña y artesanal cajita de madera pintada, de las que hacían los salvadoreños en Nicaragua durante aquel tiempo que les exilió y les regó por todo el mundo. (Continúa)

A mí me llegó la cajita pintada acompañada por unos versos del poeta Roque Dalton, del que no sabía nada, y con ello puedo decir que El Salvador entró en mi vida asociado con las emociones más bellas. Dentro, había un papelito con un verso mecanografiado en máquina Remington: “Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta”.

Eran días de pasillos universitarios en la UCA de Managua, debates aderezados con polémica sobre política nacional, periodismo y teoría de la comunicación, hambre universitaria (teníamos poco dinero debido a la escasez, ay, qué tiempos horribles), lecturas de poesía sobre el techo de nuestras casas, con ron barato y mucha risa, eran días de guerra y amor.

La universidad ardía en juventud y hormonas, y Nicaragua adoptaba poses de libertad sexual, que escandalizaban a pocos y toleraban muchos. Ahora se dice que aquello ocurrió debido a la cercanía de la muerte, pues la guerra ponía a la gente a pensar en serio que vida sólo hay una y había que vivirla ya.

Los jóvenes universitarios ensayaban todo tipo de estrategias y había, en los lances amorosos, una mescolanza entre estudiantes de medicina con estudiantes de periodismo, de zootecnia con psicología, de derecho con arquitectura, y más. Lo que era común en aquel tiempo, no muy lejano, era la estrategia de conquista y seducción por el recurso a tomar prestada la voz de algún poeta, que para eso están. Hay una ética y un honor en estos asuntos en los que no está permitida la seducción “a pelo”, sin adornos, sin poesía al menos, sin una canción que resulte en emblema futuro.

Fue así como Roque Dalton con su poesía empezó a poblar las conversaciones en la universidad, curiosamente no tanto con su poesía política, que también, pero más con sus versos en los que aborda el amor y las profundidades de la noche amorosa. Se declamaban sus versos en los actos políticos universitarios, que había muchísimos en esos días en los que la política cruzaba y hería toda la vida cotidiana de la gente. Se declamaban sus versos por el puro gusto de decir en voz alta las palabras del poeta.

Por aquellas fechas –“días de leyenda en los que se amaban sin hacer preguntas”- los y las universitarias nicaragüenses también tomaron prestadas las palabras de Roque Dalton para incorporarlas en la etapa de seducción y conquista. Así Dalton empezó a incorporarse en las estrategias amorosas buscando y encontrando su lugar entre los poetas que cotizaban al alza en el ranking universitario: Leonel Rugama, Gioconda Belli, Mario Benedetti y Julio Cortázar.

Entonces se empezaron a dar fenómenos culturales como fue el hacer la distinción entre los salvadoreños que se sabían los poemas de Dalton y los que no, por lo que éstos últimos empezaron a disminuir en tamaño debido a un curso rápido y avanzado de lectura individual de los versos de su poeta. Un curso para la sobrevivencia. La “prueba-Roque Dalton” en Nicaragua se aplica actualmente. No es así por así la cosa.

Póster de la exposición sobre Roque Dalton, en el Museo de la Palabra y la Imagen (Mupi), de El Salvador. Si hacés click vas a la exposición directamente. Te la recomiendo.

Son incontables los casos por los que podríamos afirmar que las y los salvadoreños adquirieron un sex appeal (puedo dar prueba de ello), del que todavía gozan por esas tierras. Si bien es cierto que Roque Dalton es uno de los poetas más importantes de Centroamérica, también lo es por ser el propiciador de historias felices universitarias de un rato, un día, quizá dos semanas, un mes y alguna gente tiene la fortuna de poder contar a sus hijos el papel que jugaron unos versos a tiempo en la historia de la familia actual.

Es verdad que la poesía es de quién la necesita, como dijo el cartero de Neruda. Como fue el caso de una amiga que una tarde llegó alborozada, con las mejillas sonrosadas, y un hablar fogoso, contándonos que ya tenía nuevo novio. Se trataba de un hombre salvadoreño que le hablaba sólo palabras bellas. Ella, con ese gesto que hacen las mujeres agitando los  hombros y elevando el pecho cuando están excitadas por ciertos acontecimientos, ni dijo si el hombre era guapo, feo o regular, alto bajo, gordo o flaco. Sólo contó lo que hablaron y caímos en cuenta que el tal novio le narró su vida intercalando todos los versos posibles de Roque Dalton.

Por lo que dedujimos, el seductor salvadoreño extrajo hábilmente versos de Dalton para encender a nuestra amiga, cosa que consiguió inmediatamente. De entrada lo primero que le comentó es que su voz  era “la campana de los cinco sentidos”, y al despedirse le confesó: “tengo sueño, he amado, he ganado el silencio”. En medio, cuando le habló de su país y sus amigos recitó todo el Poema de Amor, pero no en verso sino de manera coloquial, más o menos así: “es que los salvadoreños son los que ampliaron el canal de Panamá y repararon la flota del pacífico en California, son los mejores artesanos del mundo, los hacelotodo, comelotodo…”. Mi amiga, ya rendida al amor no quiso saber si eran palabras prestadas o no. Gracias a Roque Dalton hubo matrimonio, familia con tres hijos, y siguen juntos.

O aquella salvadoreña que le dijo a un nicaragüense, que estudiaba economía, cuando cortaron la relación: “Hace frío sin ti, pero se vive”, y es el día de hoy y el amigo continúa buscándola, me pregunta si la veo por San Salvador, pero como sólo se sabe el seudónimo de guerrillera –Ana Lidia, le dijo que se llamaba-, no hay manera, qué voy a hacer.

Los y las poetas saben, seguro que saben, que con sus versos se construyen los mejores escenarios amorosos y se hacen hijos. Saben también que cuando el ardor es tanto alguna gente hasta mejora lo ya escrito.

Estos días, en los que se recuerda a Roque Dalton, miro mi cajita pintada –“el dulce encanto de las cosas”-, la froto cual lámpara mágica y salen volutas de versos refrescando esta tarde calurosa de mayo.

3 poemas

de Roque Dalton

(1) Para un mejor amor              

El sexo es una categoría política. Kate Millet

Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.

Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el fin del mes).

Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo  son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.

Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no de su sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

(2). Desnuda

Amo tu desnudez

porque desnuda me bebes con los poros,

como hace el agua

cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,

me abre todas las puertas para que te adivine,

me toma de la mano como a un niño perdido

que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo

pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;

la aromática lámpara que alzo estando ciego

cuando junto a la sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados

cabes en una copa vecina de mi lengua,

cabes entre mis manos como el pan necesario,

cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda

para que limpio sea tu reparto en la tierra,

para poder besarte la piel en los caminos,

trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,

como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

(3). Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas…

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas,

yo sabía que al fin iba a quedarme

desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,

hoy,

digo:

siempre recordaré tu desnudez entre mis manos,

tu olor a disfrutada madera de sándalo

clavada junto al sol de la mañana;

tu risa de muchacha,

o de arroyo,

o de pájaro;

tus manos largas y amantes

como un lirio traidor a tus antiguos colores;

tu voz,

tus ojos,

lo de abarcable en ti que entre mis pasos

pensaba sostener con las palabras.

Pero ya no habrá tiempo de llorar.

ha terminado

la hora de la ceniza para mi corazón:

Hace frío sin ti,

pero se vive.

(Para saber más sobre Roque Dalton visite el periódico digital Contrapunto, de El Salvador, dirigido por Juan José Dalton, hijo del poeta, donde está el archivo completo sobre su padre: AQUÍ.)

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  1. Sabrán mucho de poesía de Roque pero los salvadoreños no saben bailar. Y nosotros los nicas recitábamos y bailábamos. Por eso se quedaron aquí un montón de salvadoreñas casadas con nicas, como es mi caso. Un saludo, ya me suscribí.

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  2. Lo siento mucho Mildred, por un error hice click donde no debía. Me gustó mucho el post y la poesía, desde luego, y me apuré en votar para decir que me gustaba y pinché en la mano que no era. Corrijo: ME GUSTA. (Soy nueva en estas lides, sos mi primera amiga bloguera, lo siento mucho otra vez).

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  3. Jeje, me acuerdo de una salvadoreña bonita, pero linda la jovera, y hablaba tan bonito también. En la UNI hay historias de las que contás, te quedarías noches y noches escuchandolas, la poesía es efectiva, te lo digo yo que así fue como conseguí mujer. Bonito tu relato Sherezade, me quedo con los versos del poeta.

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  4. ¿Ideay Mildred? Si no das nombres, no hay chiste. Yo tengo una mi historia con un salvatrucho de antología, y sí, sabía poesía de Dalton, menos mal.

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