Mildred Largaespada

Periodistas

In Centroamérica, Comunicación, Periodismo, Política on 2 marzo, 2011 at 12:49 pm

El miedo a los periodistas llevó al secretismo del gobierno orteguista. El secretismo llevó a la corrupción dentro del propio gobierno. Si nadie me va a denunciar, puedo hacer y deshacer, se dijeron. La corrupción lleva a más corrupción y cuando la olla se va llenando y llenando, explota. Es una regla básica de la física. Y cuando explota, están los periodistas esperando para hacer su trabajo, y por hacerlo vuelven a dar miedo a los gobernantes que aplicaron el secretismo.

Es un círculo perfecto y el mismo fenómeno se ha producido desde que el mundo es mundo. Y se preguntará Daniel Ortega, creyendo que todo lo tiene controlado ¿porqué ocurren los destapes periodísticos sobre anomalías en su gobierno ayer en la Dirección General de Ingresos, hoy en el Consejo Supremo Electoral, mañana en…? Pues por la sencilla razón de que el periodismo se inventó para eso, para informar a la gente sobre lo que no va bien.

Ciertamente, el Presidente Ortega entiende poco de periodismo, y sus asesores no le han ayudado mucho a entender. En este fenómeno del secretismo han tenido que estar dando explicaciones a cada rato, justificándose, no han conseguido colocar su agenda informativa, han tenido que correr más de lo habitual huyendo de un periodista, colgar más el teléfono, reunirse más para plantear cómo van a enfrentar a los periodistas, empujar, herir, ofender a más periodistas, dedicar más discursos a esta profesión, él mismo ha tenido que esconderse más, entonces ¿cuáles son los beneficios? (Sigue…)

Lo único que ha beneficiado a Daniel Ortega y a todos los poderosos del país es que los periodistas y medios de comunicación no han fortalecido su imagen como la gente se lo reclama. No es un Talón de Aquiles, sino varios, los que han debilitado al periodismo: uno de ellos es la evidencia de que los grandes referentes del periodismo mundial han construido su fama gracias a no usar la nota roja como reclamo periodístico. Una de dos, o los medios de comunicación nacionales no quieren se referentes mundiales del periodismo, o les gusta la sangre salpicando los bolígrafos, las cámaras y las teclas.

Otro talón es que se continúa escuchando a los “asesores” que recomiendan poner mujeres en bikini en las portadas para atraer lectores y publicidad. Como ya se sabe es cierto que denigra a las mujeres, pero ofende más a los periodistas porque te ven la cara y te están asesorando para que sigás de perezoso, aburrido, sin criterio social, sin imaginación periodística, alimentando el morbo de los viejos verdes para que violen a las niñas, es decir, te tratan como si no fueras periodista. En silencio piensan que no podés dar más que eso.

Uno más y éste es clave: La ausencia de Defensores de los Lectores o de la audiencia impide que los periodistas sepan por dónde van, lo que hacen bien, lo que hacen mal, lo que de ninguna manera se puede hacer, y todo, no porque se lo invente el Defensor, sino porque el público lector, la audiencia lo reclama. Es la manera que tiene la gente de interactuar con el medio. De no instaurar la figura del Defensor, el mismo medio sólo le ofrece dos oportunidades a los lectores, televidentes, radioescuchas: comprar el periódico, o no comprarlo; ver la tele o apagarla, escuchar la radio o apagarla. Y si miran sus estadísticas sabrán porqué es urgente ofrecer esta oportunidad de ser observados y controlados por la gente.

Investigar las relaciones medios, periodistas y sociedad

Hay uno que tiene que ver con las rutinas profesionales y que afecta a la gente, pero afecta más al profesional de la información: la lucha diaria con los jefes de información y editores. Hay que seguir defendiendo tu nota, artículo, reportaje, crónica, y protestando cuando te cambian el titular a su antojo, cuando distorsionan la noticia sólo porque ellos no tienen el vocabulario enriquecido, cuando no destacan tu trabajo como se merece, cuando definitivamente demuestran raros criterios periodísticos para seleccionar la información.

A la universidad y los centros de investigación les obliga socialmente hacer estudios que indaguen sobre el quehacer del periodismo nacional, sin complacencias. La ausencia de investigación y análisis sobre la comunicación periodística en Nicaragua debilita a la profesión y a los profesionales. Falta ese tipo de estudios que construyen sentido al trabajo periodístico que se está haciendo, que relacionan el actuar del sistema de comunicaciones, con el sistema social, el político, el cultural. Todo va unido, el periodismo no se hace en el aire.

Y ya por último, para celebrar el Día Nacional del Periodista en Nicaragua recordemos el Decálogo del Periodista, que escribió Tomás Eloy Martínez (*), destacado periodista argentino:

1) El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo.

2) Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita para escribir un buen texto y el espacio que necesita dentro de la publicación.

3) Una foto que sirve sólo como ilustración y no añade información alguna no pertenece al periodismo. Las fotos no son un complemento, sino noticias en sí mismas.

4) Hay que trabajar en equipo. Una redacción es un laboratorio en el que todos deben compartir sus hallazgos y sus fracasos.

5) No hay que escribir una sola palabra de la que no se esté seguro, ni dar una sola información de la que no se tenga plena certeza.

6) Hay que trabajar con los archivos siempre a mano, verificando cada dato y estableciendo con claridad el sentido de cada palabra que se escribe.

7) Hay que evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero.

VIII) Hay que usar siempre un lenguaje claro, conciso y transparente. Por lo general, lo que se dice en diez palabras siempre se puede decir en nueve, o en siete.

9) Encontrar el eje y la cabeza de una noticia no es tarea fácil. Tampoco lo es narrar una noticia. Nunca hay que ponerse a narrar si no se está seguro de que se puede hacer con claridad, eficacia, y pensando en el interés de lector más que en el lucimiento propio.

10) Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. Es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro.

(*) Tomás Eloy Martínez, dijo sobre su decálogo: “Me atreví a esbozar un programa de diez puntos a partir de una charla informal que di a redactores de LA NACION (Argentina) un mediodía de 1998. Al final de la charla, el entonces secretario de Redacción del diario, Germán Sopeña, me entregó un resumen tan generoso de lo que yo había dicho que -me parece- supera de lejos la pobreza de mi lección original”).

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