Mildred Largaespada

¿Es Nicaragua una república bananera?

In Centroamérica, Política on 1 agosto, 2016 at 8:31 pm
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Captura de pantalla de la transmisión en vivo que hice por Facebook Live con el título: “Nicaragua no quiere ser gobernada por un partido único”. Photo by Blog 1001 trópicos.

Por Mildred Largaespada

¿Nicaragua es ya una república bananera? La decisión de Daniel Ortega de expulsar a los 28 diputados de la Asamblea Nacional (el Parlamento) es un asunto muy grave e indecoroso: sin honor, sin respeto, sin reverencia a la voluntad popular que depositó casi 800 mil votos para elegir a esos representantes. Y es grave porque con esta acción política Daniel Ortega no tiene a nadie, en ningún poder del estado, que le vigile, contradiga, proteste, fiscalice, controle. Ahora sí, él solito, según sus humores, decide nuestros destinos.

¿Cuándo decidimos las y los nicaragüenses que queríamos un sistema político en el que gobernara un único partido? Nunca se ha decidido eso, al contrario: nos gusta un país con el sistema multipartidista, con pluralismo político, donde podamos elegir representantes con expresen todas las ideas posibles. Y también elegimos vivir en democracia, no en autoritarismo. Así que Ortega está actuando de manera irrespetuosa ante lo que todas y todos hemos decidido. Está abusando de un cargo -el de Presidente- que además está en duda el cómo llegó hasta allí.

Relatos de una revolución en disputa

In Centroamérica, Comunicación, Cultura, Feminismo, Política on 20 julio, 2016 at 11:47 pm
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Collage by Dissensus Nicaragua, on revolución en Nicaragua.

Por Mildred Largaespada

El relato de la revolución nicaragüense está en disputa. El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quiere hacer creer un relato único -el suyo- sobre lo que ocurrió antes, durante y después del 19 de julio de 1979. Para ello usa todo su poder comunicativo y militar, en el que ningunea, desdibuja, borra, desaparece hechos y ataca protagonistas. Pero han ido creciendo los nuevos relatos sobre la revolución que fue, que es, que quiere ser y nuevos protagonistas.

Es bueno que exista esta disputa por el relato de la revolución, porque la memoria se construye entre todas y todos. El relato hegemónico que pretende Ortega no tiene sustento porque hay memoria viva que le contradice en cero coma un segundo. Su revolución es una revolución contestada. No existió un relato inclusivo de la revolución nicaragüense durante los mismos años de la revolcuión. Se excluyó la memoria de mucha gente. Ni tampoco lo hubo durante la revolución, ni después. Ni existe ahora. Como que incluir no es el verbo favorito de Nicaragua.

Pero es necesario obtener un relato que incluya a todas y todos los nicaragüenses, honrar la vida de la gente ¿acaso no hay vidas vividas entre toda la gente que vivió esos tiempos y las generaciones posteriores?

Ahora que se cumplen 37 años de esa fecha histórica recopilé relatos que fueron publicados ayer (19 de julio del 2016) y que me parecieron interesantes para ofrecer un relato complejo de este episodio en Nicaragua. Podrán observar primero que el relato del poder es uno más y no es el único, como pretende. Y observarán la interesante complejidad de esta revolución en disputa. Aquí va:

In the world of Jon Lee Anderson

In Centroamérica, Comunicación, Periodismo, Política on 10 julio, 2016 at 6:59 pm
Jon Lee Anderson.

Jon Lee Anderson, journalist and writer. Photo by MLargaespada

By Mildred Largaespada/ Anny Baldwin

He arrives by car, with a beautiful blonde woman beside him in the passenger seat.

He is easily recognisable: his photo has recently appeared in the Spanish press and social media: a man in an elegant crisp white guayabera shirt, pictured standing on the roof-terrace of a building in Madrid. The headlines name him with the reverence due celebrities. His words are retweeted, commented and celebrated.

His name has a substance of its own: Jon Lee Anderson. Known as one of the best journalists on the planet, he has garnered worldwide praise for his writing in the New Yorker. University schools of journalism study his dispatches from Latin-American reality: Nicaragua, Cuba, Brazil, Haiti… and also from Libya, Siria, Liberia, Iraq and Angola… he not only exercises the craft of journalism, but also teaches it, at the Gabriel García Márquez Foundation for Iberian-American Journalism. The school was set up by the Nobel laureate himself and provides training to dozens of Latin American journalists every year.

My meeting with Anderson takes place in Salobreña, near Granada, in southern Spain. The Mediterranean is just a few feet away, but we won´t be dipping into it. Instead, we’ll refresh ourselves with ice-cold Alhambra beer and eat a modestly-priced set menu. Having managed to park the car, Anderson hurries over, apologising for having arrived almost an hour late. But I don’t have it in me to grumble at someone who has courteously agreed to be interviewed in the middle of his summer holiday.

He’s wearing the sort of t-shirt generally favoured by true rock stars at their hot-weather gigs: short sleeved, grey, or a washed-out shade of blue, easy-fit. And loose-cut jeans. Summer flip-flops on his feet. Altogether essential clothing for riding out another of Spain’s July heatwaves.

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